28 - 08 - 2020

Buscando a Nelson


Lo citaron para un partido de futbolito al que no le correspondía asistir y cuando llegó la cancha estaba vacía. Eso fue lo que supo Yendy Giménez cuando su hijo no volvió a aparecer. Entonces buscó en todas partes, pegó carteles con la foto de Nelson por todas partes, y puso la denuncia en todas las instancias posibles. Anduvo buscando respuestas por su cuenta, y fue así como halló testigos del instante cuando un vehículo sin placas lo interceptó, unos hombres, presuntos funcionarios, bajaron, le dieron un cachazo en la cabeza a Nelson y lo subieron al carro.

La diferencia entre un secuestro y una desaparición forzada reside en quién comete la acción. El secuestro es cometido por personas particulares; la desaparición forzada es cometida por funcionarios del Estado o bajo su tolerancia, en consecuencia, la desaparición forzada es una violación de derechos humanos. La última vez que se supo de Nelson fue el 18 de abril de 2017 en Barquisimeto, ciudad donde residía junto a su familia, para entonces tenía 23 años. Su madre, Yendy, no ha cesado de buscarlo, ha interpelado a los funcionarios que debían investigar el caso, ha acudido a las fiscalías respectivas, y no solo no ha obtenido atención sino que la causa no ha progresado.

En Barquisimeto, supo que una abogada iba a dar una charla para familiares que habían sufrido la ejecución extrajudicial o desaparición forzada de algún integrante, y para allá se fue: “El evento era a las ocho y media y yo llegué a las siete para no quedarme sin puesto. Me senté al lado de la abogada, le entregué uno de mis carteles con la foto de Nelson, y le conté mi caso. Fue ella quien me puso en contacto con COFAVIC”.

Yendy dice que ha perdido la cuenta de cuántas veces ha viajado a Caracas, y que las dos primeras veces sufrió ataques a tiros cuando volvió a Barquisimeto. “Pero yo estoy decidida a encontrar a mi hijo. Ya no tengo nada más que perder. Yo lo voy a encontrar esté donde esté, esté como esté”. Añade que en torno a la desaparición forzosa de Nelson hay muchos elementos extraños, uno de ellos, fue que un funcionario le aconsejó que no lo siguiera buscando. “Me dijo que él lo tenía identificado como parte de una célula y que no lo buscara nunca más”, apunta Yendy, “y si mi hijo hubiese estado involucrado en algo, si hubiese tenido miedo de que algo le pasara no hubiera andado por ahí con sus bebés, con sus hijos, y él andaba para arriba y para abajo así”.

Nelson vivía con su esposa y su segunda hija en casa de su abuela. “Era muy pegado con mi mamá, y esto le ha afectado mucho. “A los dos días de la desaparición, allanaron la casa de mi mamá. La arrodillaron, la pusieron un arma en la cabeza. Ella está muy afectada, ya pesa 48 kilos, se le agravó la diabetes, casi no ve. Se cae de nada, lleva dos caídas, ha estado en cama por meses. Mi mamá dice que va a aguantar hasta que Nelson aparezca. Por eso yo no lloro, no pego gritos ni nada, porque le afecta mucho. Yo aparento que estoy normal, que no lo estoy, pero si ella me ve derrotada se pone peor”.

Llorar y no llorar

“A mi me han dado crisis de madrugada cuando sueño con Nelson, son sueños feos, y mi hija escucha los gritos y llega a consolarme. En la pesadilla, Nelson me dice dice que lo saque de ahí rápido, que ya no aguanta, y me acusa, pero mamá es que tú no has hecho nada por mí, eso sueño. Yo no tengo rabia, pero quiero que los culpables paguen, no que los maten, no soy quien para desearle la muerte a los demás, pero que paguen cárcel”.

“COFAVIC es la única gente que no me permite desmayar, me han dado un respaldo tremendo, apoyo psicológico y en todos los sentidos,se los agradezco muchísimo. Aquí fuimos a la Fiscalía para que me asignaran una fiscal nacional, ella fue a Barquisimeto a buscar el expediente, y no se lo querían entregar, pero se lo tuvieron que dar. Me dieron la mitad del expediente, y con los abogados de COFAVIC y de Movimiento Vinotinto, fue que me dieron la parte que faltaba”.

“Mi mamá dice que va a aguantar hasta que Nelson aparezca. Por eso yo no lloro, no pego gritos ni nada, porque le afecta mucho”

“Hacer las diligencias para buscarlo, seguir adelante, no desmayar, me fortalece. Descubrí que ese es mi don, empujar los procesos para que se haga justicia. Yo metí un hábeas corpus en diciembre del año pasado, me mandaron a corregirlo, lo corregí, y la llevé de nuevo, pero aún no me han dado respuesta. Andan con una mamadera de gallo, como si ellos van a estar toda la vida en ese puesto, la vida es un círculo”. Sostiene Yendy: “Esto ha sido un aprendizaje muy duro, pero nos ha unido como familia, y cuando Nelson aparezca, nos vamos a dar cuenta de todo lo que hemos vivido juntos. Lo sé, porque lo he soñado”.

COFAVIC · Yendy Jimenez y el dolor de la búsqueda