14 - 10 - 2020

«DÉJENME HABLAR»


«Él ya había decidido irse del país. Después que se separó le costaba mucho ver a su hijo, el menor de dos añitos, había muchos problemas. Él me decía que solo quería ver a su hijo por última vez antes de irse», relata Navir Jiménez y las palabras empiezan a significar otra cosa. Una noche, las del 8 de enero de 2020, Heiber Medina, que tenía 29 años, despertó a su madre para que saludara a su nieto y a su exnuera. Había logrado acercarse y cumplir su meta de despedirse de su bebé de 2 años, y de hallar una oportunidad para poder sentarse a hablar con su expareja.

«Ahí quedó la sangre de mi hijo. Yo no he podido limpiar el cuarto, es muy doloroso»

Pero la situación se complicó muy pronto. Mientras Heiber y la madre de su hijo conversaban en un cuarto de la vivienda de Navir, irrumpió un nutrido grupo de funcionarios policiales. La mujer salió del cuarto, y Heiber se quedó a solas con los agentes. «Ya va, ya va, déjenme hablar» fueron las últimas palabras que Navir escuchó decir a su hijo, mientras presuntamente lo pateaban. Luego escuchó una ráfaga de disparos, ella se asomó y quiso correr a auxiliar a Heiber, pero la mantenían encerrada.

Testigos aseguran que Heiber recibió varios disparos, todos en la espalda, y que fue extraído de su vivienda, herido aunque vivo. «Lo montaron en una patrulla y se lo llevaron. Aunque recogieron todas las evidencias, hasta lo que sueltan las balas cuando las disparan, ahí quedó la sangre de mi hijo. Yo no he podido limpiar el cuarto, es muy doloroso. Y más todavía cuando al día siguiente veo que publican en la prensa que mi hijo y que era un secuestrador, que tenía una pistola y era miembro de una banda, que lo llamaban ´El catire´. Heiber nunca tuvo apodo y ni una navaja cargaba. Duele mucho ver que eso es lo que se dice de él en el expediente», subraya Navir.

«Denunciar es necesario, y claro que da miedo, pero sé que COFAVIC no me va a soltar»

Navir llegó a COFAVIC porque está convencida de que la memoria de su hijo merece justicia. No solo porque quiere limpiar su nombre, sino porque quiere que los responsables sean sancionados. «La policía debería proteger a la gente, uno debería sentirse seguro con ellos, pero uno lo que tiene es miedo». El acompañamiento que COFAVIC le proporciona a Navir es psicojurídico. No solo se tramita su caso como una violación de Derechos Humanos ante las instancias judiciales sino que ella decidió acudir a la consulta psicológica con nuestro equipo especialista.

«Hay muchas madres, esposas, que se cohíben de denunciar por el miedo. A veces temen que nadie les escuche y queden más en riesgo. Pero una tiene que buscar justicia por ese ser que, aunque no era perfecto, nadie lo es, no merecía una muerte así. El deber de la policía es proteger. COFAVIC me ha dado un gran apoyo, como si fuera mi familia. Yo era sola con mis hijos, pero los abogados, las psicólogas me han dado la mano, se ocupan, buscan solucionar las situaciones y me puedo desahogar. Denunciar es necesario, y claro que da miedo, pero sé que COFAVIC no me va a soltar», asevera Navir.